24 sep. 2017

Los cimientos podridos del boom inmobiliario

Revista Proceso # 2134, a 23 de septiembre de 2017
Los cimientos podridos del boom inmobiliario/JOSÉ GIL OLMOS
El mercado inmobiliario de la Ciudad de México es un negocio multimillonario y al parecer imparable, cuyos cimientos legales y técnicos están podridos. Organizaciones ciudadanas y de colonos han denunciado desde hace años que algunas constructoras, en complicidad con autoridades del gobierno central y las delegaciones, se saltan las medidas de seguridad, vialidad y de riesgo del subsuelo con tal de construir barato y vender caro.

El pasado martes 19, como hace 32 años, un sismo removió la Ciudad de México. Pero si en 1985 salieron afectadas 2 mil 850 edificios y 15 mil viviendas tuvieron que ser derrumbadas, el reciente ha dejado hasta ahora un saldo de 3 mil 848 edificios con daños estructurales, muchos de fecha reciente y cuya construcción ha sido denunciada por ilegalidades cometidas supuestamente con el aval de instancias de gobierno local como la Secretaría de Desarrollo Urbano y Vivienda (Seduvi), el Instituto de Verificación Administrativa (Invea) y las jefaturas delegacionales.
El boom inmobiliario que experimenta la ciudad de México, sobre todo en zonas que se pusieron de moda como las colonias Roma, Condesa, Santa María la Ribera, Portales, Del Valle, San Rafael, San Pedro de los Pinos, además de Anáhuac y Granada –llamadas “Polanquito” o “ampliación Polanco” para ganar plusvalía–, tiene su origen en el año 2000, cuando el entonces jefe de gobierno capitalino, Andrés Manuel López Obrador, emitió el bando 2 que permitía la construcción de edificios en cuatro demarcaciones con la idea de hacer crecer la ciudad de manera vertical.

Bajezas mediáticas/JENARO VILLAMIL

Revista Proceso # 2134, a 23 de septiembre de 2017
Bajezas mediáticas/JENARO VILLAMIL
Una de las grandes diferencias entre el terremoto de 1985 y el del pasado martes 19 fue que en éste se restablecieron las comunicaciones con notable rapidez, además de que las nuevas tecnologías enlazaron a cientos de miles de ciudadanos que se volcaron a ayudar a las víctimas antes de que la autoridad respondiera a la emergencia. Sin embargo, los espacios informativos, especialmente los de televisión, volvieron a caer en los vicios de siempre: el sacrificio de la veracidad ante el rating y la falta de responsabilidad ante sus errores.

La mañana del 19 de septiembre de 1985 un crujido sordo se extendió por toda la Ciudad de México. Junto con el miedo, los derrumbes, los incendios, vino la incomunicación. La central de Teléfonos de México en la calle de Victoria se derrumbó. Sus 55 mil ramales se desconectaron. El edificio de Chapultepec 18, de Televisa, se vino abajo. La televisora sólo pudo reiniciar transmisiones cuatro horas después. Los capitalinos se comunicaron a través de radioaficionados, Imevisión y las estaciones de radio que no perdieron la señal.
Treinta y dos años después, a las 13:14 horas, otro sismo castigó a la Ciudad de México. La memoria de la Tierra se abrazó con la memoria de millones de mexicanos que vivieron los sismos del 85. La diferencia fue que en el sismo de este 19 de septiembre la incomunicación sólo duró menos de una hora.

23 sep. 2017

“Frida Sofía” y la “zona cero” del caos/

Revista Proceso # 2134, a 23 de septiembre de 2017
“Frida Sofía” y la “zona cero” del caos/
JUAN CARLOS CRUZ VARGAS
Los dos días que siguieron al sismo del martes 19 los medios electrónicos, en particular Televisa, sobredimensionaron la tragedia del colegio Enrique Rébsamen, donde presuntamente estaba atrapada una menor llamada Frida Sofía. Elementos de la Secretaría de Marina acabaron admitiendo que esa niña nunca existió. La noticia encendió la inconformidad de los rescatistas y familiares de los afectados, quienes insistieron en que había más cuerpos que rescatar… El viernes 22 la Semar tuvo que rectificar y anunció que los trabajos continuarán.­

Desde que los muros y los techos se desplomaron el martes 19, el colegio Enrique Rébsamen –o lo que queda del inmueble– está inmerso en la confusión y la incertidumbre.
El terremoto de 7.1 grados Richter redujo todo a escombros. Hasta el viernes 22, los voluntarios y elementos de la Secretaría de Marina Armada de México (Semar) han rescatado 25 cuerpos sin vida: 19 menores y seis adultos, según informó la dependencia.
Lo peor de la tragedia es el show montado y transmitido por los canales de Televisa alrededor de Frida Sofia, una inexistente alumna de ese plantel ubicado en Villa Coapa, al sur de la Ciudad de México. Desde el principio elementos de la Semar y algunos reporteros dijeron que ella se había comunicado por medio de “toquidos”; otros comentaron incluso que se habían comunicado con ella.

A la espera del rescate/

Revista Proceso # 2134, a 23 de septiembre de 2017
A la espera del rescate/SANTIAGO IGARTÚA
No se podía respirar. El nubarrón de polvo levantado por dos edificios destruidos –apenas separados por unas cuantas casas y condominios– había nublado el sol en su punto más alto. Se borraron los colores. Todo alrededor de la calle Escocia se tornó color arcilla.
La postal en sepia parecía imagen de una pesadilla del mismo 19 de septiembre, 32 años atrás. Varillas fierro concreto mosaicos vidrios papeles madera polvo polvo polvo.
Así encontró Paola Félix lo que fue la casa de su madre, el departamento 502 en el número 4 de Edimburgo, esquina con Escocia, en la Colonia Del Valle. Nueve pisos aplastados a la altura de una casa de tres.

Cuando llegó, la violencia de la escena y la fragilidad de los escombros habían congregado ya a miles de improvisados rescatistas con policías y marinos. A Paola se le cimbró el alma.
“Busco a Margarita Silva Ochoa, de 59 años”, repitió Paola una y otra vez entre la confusión y el ruido. Había intentado comunicarse con ella por horas sin respuesta. La buscó en clínicas y hospitales como segundo reflejo. Nada. Hasta que un oficial le dijo saber dónde estaba.

Rebeldía salvadora/ Marcela Turati

Revista Proceso # 2134, a 23 de septiembre de 2017
Rebeldía salvadora/ Marcela Turati
Ante la falta de estrategia en las acciones de rescate y luego de tres días de afanosa búsqueda de las costureras atrapadas en el edificio de Simón Bolívar 168, en la colonia Obrera, las brigadas ciudadanas se sublevaron: Tomaron picos y palas para continuar el rastreo de las empleadas y rebasaron a las tropas del Ejército que quisieron tomar el control. En esas jornadas, todo mundo se coordinó a sí mismo y todos actuaron como si fueran topos.

La escena debería de haber terminado con la imagen de los brigadistas ciudadanos hermanados con soldados, marinos, policías federales y capitalinos, y funcionarios de todas las siglas, cantando juntos el Himno Nacional y coreando ¡Viva México! –con toque de corneta como sonido de fondo para ambientar–, al declararse concluidos los rescates en la fábrica de ropa de la colonia Obrera pulverizada, con un saldo fatal de 22 muertos por el sismo y mínimo tres sobrevivientes.
Sin embargo, la desconfianza hacia todo lo que toca el gobierno se impuso: horas después ese sitio se convirtió en campo de batalla cuando voluntarias inconformes se abrieron paso y, con picos y palas, siguieron abriendo hoyos en busca de un sótano donde creían que otras costureras atrapadas habían sido abandonadas.

Los dos diecinueves/FABRIZIO MEJÍA MADRID

Revista Proceso # 2134, a 23 de septiembre de 2017
Los dos diecinueves/FABRIZIO MEJÍA MADRID
Veo a un chavo, todavía con los guantes polvosos, el casco sobre los ojos y una pequeña pala en la mano, dormido. Sólo lo ha vencido el sueño. No lo ha hecho ni la ciudad sonando día y noche a ambulancia, a policía, a las radios, ni los encasquetados de la Marina tratando de impedirle el paso a su derrumbe. Es suyo. Conoce cada piedra, cada varilla, cada grieta. Sabe qué hacer
exactamente y en cada instante porque no depende de un plan o un protocolo de “experto”. Él sabe que los que alcanzaron a salir del edificio le dijeron que trabajaban ahí 60 personas, no 28, así, sin nombres, como asegura la autoridad. Él sabe que Javier, el que está allá, tomando agua, ha tenido los ojos llorosos desde las tres de la tarde hasta el anochecer porque no encuentran a su hermano, Gustavo. Siente la frustración de golpear con un mazo la loza sólo para encontrar abajo una igual. Siente la sed de los sorbitos de agua con caliche cada que el agotamiento le gana a las ganas.
Nada lo ha derrotado, sino un sueño, como un desmayo, recargado contra un árbol. Lo veo y recuerdo el otro 19 de septiembre, el mío, el de 1985, en el que no comíamos ni bebíamos porque la ayuda era exclusivamente para los damnificados. Aquella vez nos dormíamos igual, a ratitos, más de hambre que de cansancio y, a veces, del tedioso ruido de los picos sordos aguijoneando el concreto. Nos cansábamos de la oscuridad de la ciudad como cueva. No extenuaba buscar y no encontrar. 
Remover con las manos la ciudad que pesa, atiborrada de pesar. Nos despertaba, de pronto, el silencio, la señal de que alguien, allá abajo, se había movido, gritado, golpeado una tubería. Entonces, ponerse de pie, otra vez, esta vez sí sacaremos a alguien con vida del infierno aplastado, de aire desmenuzado, de penumbras calladas. Ese sigue siendo el sueño en este otro 19 de septiembre –maldito sea, porque nos obliga así a recordar de lo que somos capaces–: restaurar, recuperar lo ido para siempre.

¡Qué gran ejemplo de solidaridad y hermandad!

Revista Proceso # 2134, a 23 de septiembre de 2017

De Ariel Dorfman
LA REDACCIÓN
Queridos amigos de Proceso:
Una nota breve para contarles que desde el extranjero se destaca que la devastación es inmensa pero más inmenso el corazón solidario del pueblo mexicano.
¡Qué gran ejemplo de solidaridad y hermandad!
Ojalá que todos sigan bien y que puedan seguir haciendo su trabajo, ya que me imagino que, mientras la gran mayoría se dedica a salvar a sus semejantes, unos cuantos siniestros ya planifican su enriquecimiento con esta tragedia, y ahí estará Proceso y el espíritu de Julio Scherer para asegurar que serán investigados y denunciados.
Angélica y yo volvemos a mandar nuestros abrazos.

La tragedia y la indignación

Revista Proceso # 2134, a 23 de septiembre de 2017
La tragedia y la indignación/ARTURO RODRÍGUEZ GARCÍA
El terremoto aún no cesa… El símil lo refuerza un México sacudido por otras calamidades que los ciudadanos identifican en la actual coyuntura: el oportunismo presidencial y de los partidos políticos, la ineficacia gubernamental en eventos como los sismos que azotaron a Chiapas, Estado de México, Morelos, Oaxaca, Puebla, Tabasco y a la Ciudad de México. El del martes 19, con su secuela de muertos, heridos y damnificados, fue la puntilla para la indignación, pero sobre todo para la acción ciudadana –inmediata y firme, comprometida y amorosa, inconmensurable– ante unas autoridades pasmadas que se achican frente a la emergencia y, peor aún, mienten y lucran con la tragedia, de la mano de medios electrónicos irresponsables. Hace justamente dos años, Proceso evocó en una edición especial las debilidades y fortalezas del país ante los sismos.
Lo mismo en Oaxaca que en Morelos y la Ciudad de México, los ciudadanos han encarado a las autoridades por su protagonismo en medio de la tragedia. La desconfianza en el manejo de donativos ya causó irrupciones en instalaciones gubernamentales; los voluntarios se han confrontado con los cuerpos de seguridad y las Fuerzas Armadas por su proceder, y todos son sancionados en redes sociales por la desmesura.
El 19 de septiembre, en una esquina de las calles Chimalpopoca y Simón Bolívar, el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, arribó en la tarde sólo para ser expulsado por cientos de voluntarios, familiares de víctimas y vecinos. Una mano anónima se le estampó en la nuca mientras que otros lanzaban agua al hidalguense, responsable de la política interior del peñanietismo.